Hola Trump, ¿cómo estás?

Hola Trump, ¿cómo estás?

No es extraño, ni cuestionable, que un país como Estados Unidos, con cincuenta millones de hispano hablantes, más que en España, adopte medidas para proteger y fomentar el inglés, por cierto, un idioma colonial.

Sin embargo, suena a absurdo que el nuevo Plan anti inmigración del polémico Trump integre como criterio la necesidad de hablar en lengua anglosajona y desechar así cualquier petición de entrada al país por el mero hecho de expresarse en español.

Se supone que el presidente de Estados Unidos, y en concreto su yerno, responsable de la redacción de esta propuesta que aún no ha alcanzado el beneplácito legal de la administración, no añadirá en letra pequeña la necesidad de mostrar la cuenta bancaria del hablante en español como eximente del anterior criterio.

En un contexto europeo y mundial, en el que todos estamos más próximos unos a otros, genera un tremendo estruendo escuchar medidas discriminatorias en lugar de iniciativas que apuesten por la convivencia y la integración, y por qué no, por fomentar el uso del inglés sin tener por ello que fusilar la lengua de Cervantes.

No es objeto de estas líneas abordar el asunto migratorio de Estados Unidos ni tratar, como dicen algunos, si Estados Unidos “está lleno” o no.

Pero es evidente que la guerra planteada por Trump y los aislacionistas, pretende silenciar a cincuenta millones de hispano hablantes que usan este idioma en ciudades como Nueva York o Los Ángeles. En ésta última son, nada menos, cuatro millones de personas los que se expresan en español.

Y como en toda guerra, ya hay quien cifra los costes económicos de esta fobia ‘trumpista’. Algunos estudios hablan de unas pérdidas económicas para EE UU de 400.000 millones de euros, en gran medida, por la desaparición de numerosos empleos desempeñados por latinos, muchos de ellos precarios y que el estadounidense de a pie no está dispuesto a realizar.

Pero también, por la potencial aportación de jóvenes talentos formados en escuelas de Estados Unidos y que muchas universidades estarían dispuestas a fichar en aras de mejorar su enseñanza y dirigirla hacia un mundo, quiera o no Trump, totalmente globalizado.

Ahora bien, ¿esta discriminación de todo aquello que suene a español se extenderá a otras esferas del fenómeno migratorio?

Es decir, un hipotético futbolista mexicano de prestigio internacional deberá hablar inglés para dedicar sus últimos años de profesión en un equipo estadounidense o a éste se le abrirán las puertas y caminará sobre alfombra roja en el muro fronterizo con México mientras educado, esboca un ‘Hola Trump, ¿cómo estás?’.

R. M.