El Cile mantiene vivo el latido del español

El Cile mantiene vivo el latido del español

Lo relevante, para eso de mantener vivo el latido, es que se hable de algo, bien o mal, pero que se hable. Podría ser, en líneas muy generales el resumen del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (Cile) celebrado recientemente en el teatro Libertador General San Martín de la ciudad argentina de Córdoba.

Hubo voces autorizadas para todos los gustos y paladares, dentro por supuesto de la subjetividad propia del ponente y de la opinión inquebrantable del presente.

A lo largo de cuatro jornadas se pusieron sobre la mesa cuestiones como la propia denominación del idioma, español contra castellano, pasando por el uso del lenguaje de género, el lenguaje inclusivo, que sin estar en el programa surgió como la espuma en diferentes intervenciones, o el rol del periodismo y de los medios de comunicación.
También hubo tiempo para el área educativa en pleno siglo XXI y para abordar la distancia, seguro que cada vez menos drástica, entre profesores analógicos y alumnos digitales.

En resumen, más de doscientos especialistas del idioma español y castellano, que es lo mismo para unos y distinto para otros; un anti congreso que discurre en paralelo, como toda cita que se precie en los tiempos actuales; y espectáculo para la clausura de Joaquín Sabina y Les Luthiers, entre otros.

Y lo más relevante, todas las cuestiones siguen en el aire, quizá a la espera de que el próximo Cile, que se convocará en Perú en tres años, pueda aportar soluciones consensuadas.

Con todo, una de las citas más importante alrededor de nuestro idioma, avala el dinamismo de la lengua cervantina, de la que unos exponen claramente en positivo, y a la que otros cuestionan, siguiendo esa máxima que afirma que lo importante es que se hable, bien o mal, es evidentemente insignificante.

R.M.